Casa de los Muñecos
Nuestra Cocina
La Experiencia
La Empresa
La Leyenda

Casa de los Muñecos es una empresa gastronómica, de alta cocina, situada en Puebla, México; ciudad de enorme riqueza cultural y en arquitectura del periodo barroco; y cuyo arte culinario ha sido declarado Patrimonio Gastronómico de la Humanidad.

 

Nuestro nombre es homónimo al de la antigua casona en cuyo interior abrimos nuestro primer restaurante en el año 2006.

Ubicada en pleno corazón del centro  histórico, es conocida con este nombre debido a su peculiar fachada, decorada con azulejos que conforman un mural de caricaturas humanas en diversas poses y actitudes. El motivo y significado de dicha decoración es tema de una de las fascinantes leyendas que forman parte de la crónica popular en la ciudad.

 

Hoy en día el inmueble es atracción turística y Museo de Arte de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, de tal manera que Restaurante Casa de los Muñecos se originó y funciona como una exhibición viva de la tradición gastronómica y el arte culinario de Puebla. Este concepto de restaurante es el primero y el único en la ciudad y probablemente a nivel nacional. De esta forma tenemos el gusto de recibir a visitantes mexicanos y extranjeros, y con frecuencia a personalidades del mundo político, periodistas, intelectuales y famosos del ambiente artístico. La preferencia de todos ellos nos ha permitido ubicarnos como un importante punto de referencia en el actual panorama gastronómico de la Ciudad de Puebla.

 

Dos años después de nuestra primera apertura, abrimos a finales de 2008 nuestra sucursal ubicada en el Complejo Cultural Universitario de la BUAP; un espacio moderno y vanguardista, sede de importantes eventos, que también ofrece la posibilidad de disfrutar paralelamente el arte, la gastronomía y la actividad cultural de la ciudad.

 

Matriz

Museo de Arte BUAP

2 Norte No. 2

Centro Histórico

Puebla, Pue.

+52(222) 242 48 25

 

 

Sucursal

Complejo Cultural Universitario

Vía Atlixcáyotl 2499

Zona Angelópolis

Puebla, Pue,

+52(222) 225 04 28

 

     Los Poblanos somos herederos de uno de los grandes tesoros gastronómicos de México, por lo cual guardamos un profundo respeto hacia la deliciosa obra de nuestros ancestros. Pero también sabemos que el arte culinario no sólo se hereda. Hay que cultivarlo diariamente, renovarlo y enriquecerlo con creatividad.

 

     Esta es por lo tanto nuestra misión y nuestra razón de ser. Nuestro afán por dar continuidad en la inventiva culinaria que ha caracterizado durante siglos a Puebla.

 

     Nuestra carta incluye las joyas culinarias de la ancestral cocina poblana, pero también nuestras propias propuestas de platillos, resultado de la fusión de recetas, sabores e ingredientes antiguos, con las tendencias contemporáneas de la cocina mexicana e internacional.

   Nuestro objetivo permanente es que todos nuestros visitantes vivan una experiencia placentera y única en cada una de sus visitas; proporcionándoles un deleite para los sentidos a través de nuestra cocina, ambientación, instalaciones y alto nivel de servicio.

 

   Este esmero se refleja en las certificaciones que se nos han otorgado por el cumplimiento de estándares de operación con calidad: Distintivo H, Distintivo M, Punto Limpio y Super Host

 

   Casa de los Muñecos forma parte de la selección de MESAS POBLANAS y está incluído en la lista de lugares considerados como TESOROS DE MÉXICO.

 

Además hemos obtenido premios de nivel internacional:

     Five Star Diamond Award, The Bizz, y Latin American Quality Award.

 

 

Aún cuando nuestra historia como Casa de los Muñecos se inició en octubre de 2006, la base humana de nuestra empresa está constituida por profesionales que cuentan hasta con  30 años de experiencia en el ramo de restaurantes y banquetes.

 

Además de contar con dos restaurantes, ofrecemos un servicio de eventos y banquetes con flexibilidad y capacidad para realizar desde pequeñas reuniones hasta eventos masivos con miles de asistentes.

 

Recientemente estamos incursionando en el mundo de la comida de fácil preparación en casa a través de una línea de productos gourmet que incluye salsas, mermeladas y platillos instantáneos. Actualmente disponibles en tiendas locales, y muy pronto disponibles en los Estados Unidos.

 

A lo largo de siete años hemos logrado un fuerte posicionamiento en el mercado local y regional; y nuestros planes expansión incluyen el modelo de franquicias.

 

 

 Recibe este nombre porque en su fachada hay 16 figuras humanas, hechas de azulejo de Talavera, que parecen estar bailando. De estilo barroco y construida en 1792, la casa tuvo como primer propietario al alcalde y regidor Agustín de Ovando y Villavicencio. Se dice que la autoridad edil ordenó la colocación de estas figuras para burlarse de sus enemigos políticos, quienes lo fustigaban y acusaban de haber construido la vivienda sin el permiso correspondiente. Sin embargo, hay investigadores que aseguran que dichas imágenes no tienen ninguna relación con efímeras pugnas políticas, sino que representan un antiguo mito conocido como “los trabajos de Hércules.” La leyenda en sí, es sencilla y breve. La narración se complementa con los hechos reales, históricos, y con los personajes que se citan en ella: Era Don Agustín de Ovando y Villavicencio un angelopolitano distinguido, influyente y poderoso entre las autoridades eclesiásticas y civiles de la Angelópolis, y uno de los habitantes de la Intendencia de Puebla más ricos; dueño de muchas casas de gran valor y propietario de algunas haciendas sureñas de Acatlán. ra señor de abolengo, descendiente y heredero de la casa hispánica de los De Ovando; que lucía escudo labrado en piedra en la parte alta del ancho y alto zaguán del edificio virreinal. Don Agustín era de presentación física notable que contribuía a hacer su “ego” orgulloso, intolerante, despótico y grosero ante los poderosos, y qué decir ante los plebeyos. En el año de 1773, fue designado miembro del Cabildo Civil de La Puebla, y en el mismo año, Alcalde; cargo que por segunda vez desempeñó en 1791. Posteriormente obtuvo el título de “Regidor Honorario Perpetuo.”
Conocía a la perfección todas las ordenanzas, edictos, disposiciones, etc., que se aplicaban para el buen administrar y gobernar a la población y sus habitantes; sin embargo, era más sorprendente el conocimiento y exacto juicio que tenía de sus colaboradores, los ediles. De gran ingenio innato, irónico y festivo, Don Agustín criticaba todo y a todos, ponía apodos, endilgaba hechos, cuentos y anécdotas humillantes; era, en la voz del pueblo, un fastidioso. En todo el virreinato de La Nueva España se había establecido que las Casas Consistoriales (llamadas también Casas de Consejo, Casa del Cabildo, y desde 1714 llamadas como Palacio Municipal) fueran la principal y la más alta de las casas en cada ciudad, como símbolo de rango y autoridad. Don Agustín de Ovando y Villavicencio (cuyo nombre fue dado a una calle y al puente cercano a su residencia) como “Regidor Jubilado” sabia muy bien, conocía en todo su valor, la tradicional condición de que la Casa de Cabildo debía ser la más alta de la ciudad; pero considerándose muy poderoso y retando a la autoridad, mandó construir, a la vuelta del Palacio Municipal, una casa de tres pisos que sobrepasaba la altura de éste. El Cabildo Civil, al darse cuenta de que el edificio estaba por concluirse con mayor altura que la del Palacio, ordenó a su propietario Don Agustín de Ovando, que suspendiera la obra y derrumbara el tercer piso. Éste no hizo caso alguno, pero la autoridad suspendió los trabajos con fuerza policíaca. Intervino en acción conciliatoria el Intendente, sin resultado alguno. El Ayuntamiento y De Ovando acudieron al Virrey. Para éste, el asunto le trajo grave conflicto en cuanto a que el apellido De Ovando pesaba mucho en la Corte, pero al fin se decidió por dar su apoyo a la autoridad angelopolitana. De Ovando, que sentía menguado su orgullo y menospreciado su poder, se fue a la Metrópoli; allá, valiéndose de sus relaciones y de fuertes influencias, logró que el Monarca concediera el permiso para que su edificio se terminara sobrepasando la altura del Palacio Municipal, echando así por tierra la arcaica tradición de la exclusividad de altura en los edificios virreinales. Pero Don Agustín había sido avergonzado, estaba adolorido por haber visto atropellado su orgullo de gran señor, y sobre todo muy resentido con los concejales metropolitanos, a quienes conocía perfectamente, hasta en sus costumbres íntimas, pues fueron sus compañeros de Cabildo. Para vengarse de ellos mandó hacer en Valencia sendos tableros de azulejos, con caricaturas de cada uno de ellos, satirizándolos en actitudes grotescas. Al regresar triunfante a la Angelópolis, mandó empotrar esos tableros en la fachada del edificio motivo del pleito. De todo esto no hay ningún documento que lo compruebe, surgiendo así la leyenda de la cual se obtiene una conclusión: Don Agustín de Ovando y Villavicencio legó a la ciudad de Puebla las primeras caricaturas conocidas posiblemente en nuestra nación que datan de la época del Virreinato.

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